Sunday 20th September 2020,
Turismo En Veracruz

De Tecolutla a Playa Hicacos, Veracruz

De Tecolutla a Playa Hicacos, Veracruz

Un paisaje estupendo, colmado de coníferas, se disfruta durante la travesía, recomendable por el día pues es notoria la neblina en el tramo entre Acaxochitlán y Huauchinango, donde también abundan los rústicos puestos de venta de licores y conservas de frutas regionales. Por cierto, a la altura de la presa Necaxa, por el poblado de San Miguel, llaman la atención algunos hospedajes y restaurantes dignos de una parada para estirar las piernas y gozar de la impresionante vista.

Pero, como nuestro destino es otro, continuamos por la sinuosa vía, inmersos en la bruma y ya en descenso, luego de pasar Xicotepec, se observan extensas plantaciones de plátanos. No transcurre mucho antes de encontrar en los topes a los vendedores de los típicos plátanos fritos, dulces o salados, que sacian un poco nuestro incipiente apetito con su peculiar sabor.

Entrando a Papantla, ubicada a 43 km al oeste de Tecolutla, y que fuera fundada por los totonacas hacia el siglo XII, un cartel indica que a sólo cinco km se halla el sitio arqueológico de El Tajín, y aunque no está incluido en nuestros planes, resulta demasiado tentador, así que cambiamos el rumbo para conocer esta ciudad prehispánica descubierta casualmente en 1785 cuando un funcionario español buscaba sembradíos clandestinos de tabaco.

EN HONOR DEL DIOS DEL TRUENO

Al llegar, en la amplia plazoleta de acceso al sitio, rodeada por locales comerciales repletos de artesanías y ropa tradicional de la zona, inicia el espectáculo de los Voladores de Papantla, uno de los más llamativos entre los ritos mesoamericanos, cuyo simbolismo secular está vinculado con el culto solar y la fertilidad de la tierra. Quienes ven por vez primera esta ceremonia se asombran ante la osadía de los danzantes cuando suben a la cúspide de un altísimo tronco y atados por cuerdas en sus cinturas descienden en 13 círculos, remedando águilas en pleno vuelo, hasta tocar la tierra con sus pies.

Tras disfrutar de esa impactante vivencia, y para orientarnos sobre la distribución del lugar, entramos al Museo donde una didáctica maqueta sirve como guía previa. Nos explican que la arquitectura de esta ciudad costeña, de origen totonaca, se caracterizó por la combinación constante de tres elementos, los taludes, los frisos de nichos y las cornisas voladas, además de las grecas escalonadas. También, destacan la importancia del Juego de Pelota, deporte ritual, pues allí se han detectado 17 canchas.

Perdemos la noción del tiempo al caminar entre los curiosos edificios distribuidos en una superficie de 1.5 km2, ocupados antaño en su mayoría por templos, altares o palacios, y por supuesto, nos fascina la original Pirámide de los Nichos, con sus 365 cavidades sin duda alusivas al año solar y sus múltiples cornisas, tan diferente de otros monumentos prehispánicos. Culmina nuestro recorrido sólo cuando avisan sobre el próximo cierre del lugar, impregnado del aroma a vainilla, cuyas baritas se venden a los turistas.

HACIA LA COSTA

Casi anochece cuando entramos a Gutiérrez Zamora, en paralelo con los esteros del río Tecolutla, hacia la turística población de este nombre. En el Hotel Playa “Juan el Pescador” nos espera desde el mediodía su propietario, Juan Ramón Vargas, presidente allí de la Asociación de Hoteles y Moteles, un enamorado fiel de su lugar de origeny magnífico guía para adentrarse en los atractivos de la zona, más allá de las playas o de los innumerables restaurantes con platillos deliciosos, basados en los frutos del mar.

Precisamente, nada mejor para calmar la voracidad de esas horas que complacer el paladar con un delicioso coctel de camarones y un filete de pescado al mojo de ajo, acompañado por vegetales, luego de instalarnos en nuestra habitación con vista al mar. Más tarde, damos una vuelta por las tranquilas calles de esta población que con unos 8 500 habitantes, en la temporada alta asimila casi el triple de esa cantidad de turistas, la mayoría nacional y proveniente del mismo estado, así como de otros aledaños, como Hidalgo, Puebla o Tamaulipas.

Cada año, además, convocan a dos de los principales torneos de pesca deportiva del país, el de Sábalo y el de Róbalo, los cuales involucran a buena parte de los pobladores tanto de Tecolutla como de Gutiérrez Zamora, pues sus pescadores con sus lanchas mueven a los concursantes y fungen como los mejores guías, en tanto se repletan sus 1 500 habitaciones, distribuidas en unos 125 hoteles, la mayoría de propietarios locales, y más de un centenar de restaurantes, existentes sólo en el área de playa. Así mismo, nos comentan sobre otro evento anual de gran relevancia para esta población, el Festival del Coco, donde se prepara la cocada más grande del mundo, pues sólo el pasado año procesaron seis mil cocos y dos toneladas de azúcar, entre otros ingredientes. Sin duda, cada celebración da buenos pretextos para regresar a esta villa marinera.

EL PARAÍSO DE LOS ESTEROS

Uno de los encantos de Tecolutla son las playas al acceso público, pues se cuenta con unos 15 km de ribera frente al mar abierto, por lo general de olas suaves y cálidas, salvo durante el embate de los nortes. Pero, la gran sorpresa para el viajero son los esteros del río Tecolutla, que aún de madrugada nos disponemos a recorrer en la lancha “Pataritos”, de nuestro anfitrión. Por cierto, el simpático nombre de la embarcación se debe a la elección del mayor de sus hijos, que la denominó así cuando apenas empezaba a hablar.

Son tres los esteros más visitados, el del Silencio, con cinco km navegables, fecundo en manglares y de una belleza imposible de narrar con palabras. No en balde el nombre de ese remanso, pues cuando se apaga el motor se escucha hasta el más tenue zumbido de los insectos o las gotas de rocío que caen lentamente desde lo alto de los arbustos. Más adelante, vamos hacia el estero de la Cruz, por unos cristalinos 25 km, donde se pesca a menudo el róbalo, en tanto el estero del Naranjo, el mayor, con unos 40 km, atraviesa por ranchos ganaderos y fincas de naranjales. Es un paisaje bucólico, ideal para la observación de aves, puesvemos ibis, cormoranes, loros, pericos, gallinetas, águilas, halcones, garzas o patos de diversas especies. En verdad, un paseo por los esteros propicia la interacción plena con la naturaleza, capaz de calmar en una sola mañana toda la carga de estrés traída dela gran capital.

Al regreso, Juan Ramón nos lleva a donde Fernando Manzano, más conocido por sus coterráneos como “Papá Tortuga”, quien al frente del grupo ecologista Vida Milenaria libra desde hace años una tesonera batalla en la salvaguarda de las tortugas marinas, de las que ayuda a reproducir y liberar cada año entre cinco y seis mil nacidas de huevos localizados gracias a su amplia experiencia, con el apoyo de muchos voluntarios y de sus familiares, en largas caminatas por las playas circundantes. Y antes de salir rumbo a la Costa Esmeralda, visitamos una planta procesadora de vainilla en Gutiérrez Zamora, perteneciente desde 1873 a la familia Gaya, donde nos explican todos los pasos necesarios para obte-ner los extractos o licores de ese aromático fruto.

Imagen y textos cortesía de México Desconocido

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