Monday 10th August 2020,
Turismo En Veracruz

Primera Invasión Norteamericana, La Defensa De Veracruz

En el lejano Estado de Texas, algunos mexicanos en combinación con estadounidenses, pretendieron que aquel Estado se segregara de la Unión y constituyera una República independiente.

México no podría consentir en ello, pues sentaría un funesto precedente que podría conducir a la disgregación de la República Mexicana. Pero como el gobierno estuvo siempre en situación comprometida por la falta de recursos y los continuos pronunciamientos, hubo de consentir en la separación de Texas. Más cuando dicho Estado decidió unirse a la República de Estados Unidos de Norteamérica, México no pudo aceptar y estalló la guerra entre ambas naciones.

Los norteamericanos tras haber obtenido algunos triunfos en el norte de nuestro país a costa de muchas vidas, decidieron invadir México por el Oriente, y de agosto de 1846 a febrero de 1847 bloquearon el puerto de Veracruz con su poderosa escuadra. Algunas veces intentaron atacar el de Alvarado, pero fueron rechazados por los voluntarios alvaraderños, tlacotalpeños y de otros lugares de la costa del Sotavento.

Después de tan prolongado bloqueo la ciudad carecía de provisiones. Apenas unos cuatro mil hombre defendían la ciudad y el castillo de San Juan De Ulúa, a las órdenes del general Morales.

La situación de la ciudad de Veracruz era desesperada y el general Morales pidió auxilio  a México; el secretario de la Guerra le contestó queno podía ayudar a Veracruz “no con un hombre, ni con un peso”.

El 22 de marzo; Scott pidió la rendición de la Plaza, y de no rendirse haría fuego sobre la ciudad. Los defensores se opusieron a la rendición. En consecuencia, comenzó el mortífero cañoneo sobr la ciudad y la fortaleza de Ulúa. Este bombardeo se prolongó durante los días el 23 al 28. Los cónsules de algunas naciones extranjeras pidieron a Scott que suspendiera el fuego mientras se sacaba de la ciudad a los heridos, a los niños, a las mujeres y a los ancianos; Scott se negó a ello y advirtió que dispararía sus cañones sobre los que emprendieran la salida. Se acabaron los víveres y las municiones; la situación se hacía angustiosa. El general Morales se obstinaba en seguir esa lucha desigual; pero comprendió que todo estaba perdido, Entregó el mando de las fuerzas al general Landero.

En Junta de Generales decidieron capitular y el día 29, las tropas mexicanas saludaban al pabellón nacional, que era el arriado de Ulúa. Poco después fue izado el de las barras y las estrellas.

El significativo comportamiento de los defensores de la Plaza mereció el respeto y consideración de los vencedores, quienes les tributaron honore militares, cuando, formados, salieron de la ciudad.

En la defensa de Veracruz, muchos fueron los hechos sobresalientes, sin embargo, uno de los más notables fue el escenificado por el joven Sebastián Hozinger, quien estuvo en la defensa del baluarte de Santa Bárbara.

Los Invasores Avanzan Hacia México.

Los defensores de Veracruz, lejos de ser considerados por su comportamiento, recibieron la maltrato, fueron confinados a distintos puntos, sin impartirles ayuda; fueron censurados acremente, al grado de que un munícipe que permaneció en la ciudad cuatro días después de la ocupación, para ayudar a los habitantes, fue acusado de traidor.

También Santa Ana reprochó la actitud de los defensores y calificó a la capitulación como la deshonra de Veracruz y se dispuso a venir para enfrentarse al enemigo para lavar esa deshonra.

solo la Legislatura del Estado, en 1849, reconoció los méritos de aquellos y creó una medalla para ellos.

Santa Anna llegó a Xalapa con sus tropas. Aprehendió a los generales Morales y Landero, y otros y los envió a Perote. Se situó en Cerro Gordo para impedir el paso a los invasores el 18 de abril de 1847,  pero fue derrotado en la batalla que ahí se entabló. Allí murió el general Ciriaco Vásquez; Santa Anna huyó a Orizaba.

Dos días después los yanquis se apoderaron de Xalapa y cuatro días más tarde estaban en Perote. En Xalapa, fusilaron a dos jóvenes: Ambrosio Alcalde y Antonio García, quienes habían combatido a los invasores. Alcalde había sido hecho prisionero en Veracruz y puesto en libertad bajo la formal promesa de no volver a empuñar las armas contra los norteamericanos. Apenas libre, se incorporó a una de las guerrillas que hostilizaban a los invasores y cayó prisionero con su compañero García. Ambos fueron pasados por las amrmas el 24 de noviembre sin que valieran los ruegos de sus familiares y de la sociedad xalapeña. El sepelio de estos jóvenes fue una importante manifestación de duelo y una muda protesta contra el invasor. Cuando los féretros eran bajados a la fosa uno de los concurrentes lanzó un grito de ¡Viva México! y todos prorrumpieron ¡Viva México!

El gobernador del Estado, don Juan Soto, había traslado los Poderes a Huatusco, luego a Misantla y después a distintos poblados del Estado..

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